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Otros siguen nuestras huellas,
que ya han hecho suyas.
Sin arrogarnos nosotros
grandes victorias,
pretendemos los veteranos
seguir en la historia
contemporánea la impronta y la consigna de don Pelayo. |
A estas alturas, ya saben todos los veteranos y afiliados de España que hemos celebrado nuestro Albergue de verano en Covadonga, pues han tenido narración pormenorizada de nuestras andanzas a través de las desenfadadas y chispeantes crónicas de nuestro camarada Eugenio en la página web. Pero, de cara al curso que comienza, no basta con los gratos recuerdos, sino que se nos exige aplicar las lecciones, algunas de ellas propiciadas por el entorno y el ambiente –tercer pilar de nuestro sistema pedagógico–, acaso sin tener necesidad de acudir a la charla, el debate o el rolde. Una de estas lecciones –muda y expresiva a la vez– nos la dio la significación histórica del lugar, presidida por la estatua de su principal protagonista, don Pelayo.
En el siglo VIII, con el Reino de Hispania totalmente invadido y sometido, un grupo de nobles hispanogodos, irreductibles, inicia lo que será una lenta y tenaz reconquista, acaso sin esperanzas entonces –como así fue– de ver cumplidos sus propósitos en vida; y ello, movidos por el Ideal que representa la Cruz frente a un enemigo poderoso y omnipresente; se puede aplicar lo que, siglos después, cantaría un juglar al pueblo: Si no vencí reyes moros, engendré quien los venciera. Los inasequibles al desaliento ;de don Pelayo solo pudieron, entre escaramuza y escaramuza y pequeñas victorias, poner las bases de lo que continuaron, aun entre divisiones políticas.
La O.J.E. es una tarea educativa intergeneracional. Los veteranos ya no ocupamos –solo faltaría– el escalón de la primera línea; pero el testigo ha sido transmitido y, este mismo verano, algunos kilómetros más al sur, se celebraba al mismo tiempo que nuestro albergue el Campamento Nacional de Formación de Cuadros, con jóvenes en relevo, bajo la bandera nacional y con el ideal de la misma Promesa. Otros siguen nuestras huellas, que ya han hecho suyas. Sin arrogarnos nosotros grandes victorias, pretendemos los veteranos seguir en la historia contemporánea la impronta y la consigna de don Pelayo.
En el siglo VIII, con el Reino de Hispania totalmente invadido y sometido, un grupo de nobles hispanogodos, irreductibles, inicia lo que será una lenta y tenaz reconquista, acaso sin esperanzas entonces –como así fue– de ver cumplidos sus propósitos en vida; y ello, movidos por el Ideal que representa la Cruz frente a un enemigo poderoso y omnipresente; se puede aplicar lo que, siglos después, cantaría un juglar al pueblo: Si no vencí reyes moros, engendré quien los venciera. Los inasequibles al desaliento ;de don Pelayo solo pudieron, entre escaramuza y escaramuza y pequeñas victorias, poner las bases de lo que continuaron, aun entre divisiones políticas.
La O.J.E. es una tarea educativa intergeneracional. Los veteranos ya no ocupamos –solo faltaría– el escalón de la primera línea; pero el testigo ha sido transmitido y, este mismo verano, algunos kilómetros más al sur, se celebraba al mismo tiempo que nuestro albergue el Campamento Nacional de Formación de Cuadros, con jóvenes en relevo, bajo la bandera nacional y con el ideal de la misma Promesa. Otros siguen nuestras huellas, que ya han hecho suyas. Sin arrogarnos nosotros grandes victorias, pretendemos los veteranos seguir en la historia contemporánea la impronta y la consigna de don Pelayo.

