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martes, 30 de agosto de 2016

La hora de las brujas

Artículo de opinión
Viñeta  de El Roto


Conforme agoniza agosto en esta España sin gobierno y sin rumbo, van anunciándose, en Cataluña, las pretensiones para la celebración del 11 de septiembre; como ya saben de sobra los lectores, esta fecha ha pasado a ser, por mor del imaginario separatista, una conmemoración de una guerra civil española de Sucesión en una reivindicación multitudinaria a favor de una guerra de Secesión. La prensa ya está informando de las convocatorias al respecto, con lo que no hace falta que me sume al coro.

Sí me entretengo, en cambio, en la celebración de otro festejo de estos días calurosos: el Aquelarre de Cervera, que tradicionalmente tiene lugar a finales de este mes desde hace bastantes años, donde la pólvora y el fuego, la música, los demonios y las brujas componen una amalgama de gran atractivo folclórico, con un sustrato de esoterismo que suele cautivar a los asistentes. Sin desmerecer en absoluto esta fiesta, que parece constituir un atractivo singular de la bella e histórica ciudad leridana (partidaria, por cierto, de Felipe en aquella contienda sucesoria del siglo XVIII), constato que el interés por lo demoniaco, la brujería y, en general, por las Fuerzas Ocultas del Mal va paralelo a la preponderancia, por una parte, del laicismo antirreligioso y, por otra, a lo llamaríamos mística nacionalista.

Uno no creía en las brujas,  
pero haberlas haylas;  
por lo tanto, se echa de  
menos la actuación de  
preparados inquisidores  
 para el caso; cuando estos  
eran inteligentes, sabían  
hacer derivar los casos de  
   de brujería o hacia el  
brazo secular -en contadas  
ocasiones- o hacia el  
manicomio -los más-.  

  

Pero creo que los  
aspirantes a ello andan  
todavía en cónclaves,  
artificiosos pactos,  
desmentidos y globos-  
sonda, socaliñas de  
negativas rotundas y  
graves amenazas de ir a  
unas terceras elecciones,  
allá por el Solsticio de  
Invierno, que es cuando
  
los cristianos celebramos  
la Navidad.  


  
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¿Se trata de una coincidencia, de esas que surgen aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, o responde a profundos entramados del subconsciente colectivo, ese que Adler analizó en su día? Lo cierto es que la mitología secesionista se pirra por los correfocs, por los dimonis y por los dracs; de las primitivas celebraciones de este tipo, concretamente en Vilafranca del Penedès y Berga –que procedían de representaciones para resaltar el triunfo del Bien sobre el Mal, se ha pasado a una proliferación de lo demoníaco: no hay pueblo o barrio que se precie que no cuente con colles festivas que hacen las delicias del personal; en este caso, la creación ex novo ha sobrepasado con creces a la verdadera tradición: ya no se recuperan tradiciones, sino que se inventan… Volviendo al fondo del asunto, me mantengo en la pregunta del párrafo anterior.

No es Cervera, por otra parte, la única localidad en usar de lo esotérico para su turismo; podemos recordar, por ejemplo, la fiesta de las brujas en Vallgorguina, centrada en torno a su dolmen prehistórico; o, sin ir más lejos, en las creencias montserratinas de que la Montaña de la Moreneta, más que ser un símbolo católico y mariano, esconde unas puertas unidimensionales que comunican con Agharta, el reino subterráneo de los dioses; ¡y luego extraña que Himler supusiera la existencia del Santo Grial por estos pagos!

Otro aquelarre, por cierto, ha tenido lugar en estos días, concretamente en la Universitat Catalana d´Estiu, en Prada de Conflent, con asistencia de lo más granado de los lingüistas y separatistas de Cataluña, Valencia y Baleares; allí se ha decretado la erradicación total del bilingüismo, que han descubierto que da prioridad al español, la llamada llengua del Borbó; según me dicen, los señores Rufián y Eduardo Reyes, de Junts pel sí, y portaestandartes de Súmate, ese juego de trileros que inventó ERC para atraerse los votos de castellanoparlantes bobos, se enfadaron bastante y abandonaron las cultas sesiones entre abucheos; al final del mencionado aquelarre, se otorgó un reconocimiento especial a la señora Irene Rigau, exconsejera de Educación de la Generalidad, por su compromiso político. No dicen las crónicas si, como colofón, se invocó la presencia del Gran Cabrón (por supuesto, el Diablo), como suele ocurrir en esta tipo de reuniones que dejan en pañales a las legendarias de Zugarramundi.

Uno no creía en las brujas, pero haberlas haylas; por lo tanto, echa de menos la actuación de preparados inquisidores para el caso; cuando estos eran inteligentes, sabían hacer derivar los casos de brujería o hacia el rigor del brazo secular –en contadas ocasiones o hacia el manicomio –las más. Pero creo que los aspirantes a ello andan todavía en cónclaves, artificiosos pactos, desmentidos y globos-sonda, socaliñas de negativas rotundas y graves amenazas de ir a unas terceras elecciones, allá por el Solsticio de Invierno, que es cuando los cristianos celebramos la Navidad.


Manuel Parra Celaya