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Vida y milagros de un albergue por tierras astures
Día 13
El día 13, penúltimo de la estancia por tierra astur, se dedica a visitar la impresionante Universidad Laboral, actividad a la que se suma el grupo de Zaragoza. Tras las fotos de rigor para el recuerdo, la comitiva dirige sus vehículos al castro, donde, tras un auxilio reponedor transitorio de fuerzas, los lleva a visitar el castro propiamente dicho. De vuelta al restaurante, gallego para más señas, se comparte manteles. Concluida la comida, despedida de los maños, a los que se les supone de retorno a casa, mientras Rudi, Alicia y Chuso, marchan para unirse a los actos del Día Nacional en La Vecilla. Buen viaje camaradas. Chuso, guaje, para ti nuestro reconocimiento a tus siempre discretas atenciones, que como es recurrente, están bordadas por un sentido y esmerado espíritu de servicio. Servir es un placer, además de un honor.
La jornada concluye con una selección de rancheras mejicanas, que hace las delicias de un Manolo que se bate el cobre al dominó con su abnegada esposa, Rosa, en estos círculos más conocida como la “Seño”.
Día 14
El décimo cuarto y último día de albergue se reparte entre un paseo matinal por Cangas, con auxilio incluido, al que se suman los maños, y que, supuestamente, el cronista de esta historia suponía ya por tierras de Zaragoza.
Entre plato y plato, y al parecer debido a un extraño sortilegio, Uba parece entrar en coma. No se trata de las “ausencias” o “cuelgues” a los que nos tiene acostumbrado el mozo. No; además de éstos, que de haberlos húbolos y muy repartidos a lo largo y ancho de esta quincena. En este caso, la manifestación del afectado se asemejaba más a la ingesta de narcótico, con la particularidad, de no cabecear, aunque en ocasiones, usaba de la mano derecha para apoyar el mentón, en tanto que en otras, un admirable dominio de la musculatura de la nuca, mantenía la cabeza primorosamente erguida. Otro síntoma de alarma entre los comensales es su renuncia al segundo plato. Algo hasta ahora inaudito y jamás registrado por crónicas campamentales dignas de todo crédito.
La tarde se emplea en lo que la gente de mar denomina zafarrancho; es decir, retirar toda la ornamentación relativa a la actividad del albergue, recoger el material y dejar las salas en perfecto estado de revista.
La anochecida transcurre con charlas entre una ambientación musical. Con la amanecida, del día de la Asunción, los últimos del albergue salen con destino a sus puntos de partida. Expedicionarios, que la Virgen os acompañe en el viaje y tengáis un trayecto tranquilo y dichoso.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
A más ver.
La jornada concluye con una selección de rancheras mejicanas, que hace las delicias de un Manolo que se bate el cobre al dominó con su abnegada esposa, Rosa, en estos círculos más conocida como la “Seño”.
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| Coloquio con los dirigentes nacionales de la OJE |
El décimo cuarto y último día de albergue se reparte entre un paseo matinal por Cangas, con auxilio incluido, al que se suman los maños, y que, supuestamente, el cronista de esta historia suponía ya por tierras de Zaragoza.
Entre plato y plato, y al parecer debido a un extraño sortilegio, Uba parece entrar en coma. No se trata de las “ausencias” o “cuelgues” a los que nos tiene acostumbrado el mozo. No; además de éstos, que de haberlos húbolos y muy repartidos a lo largo y ancho de esta quincena. En este caso, la manifestación del afectado se asemejaba más a la ingesta de narcótico, con la particularidad, de no cabecear, aunque en ocasiones, usaba de la mano derecha para apoyar el mentón, en tanto que en otras, un admirable dominio de la musculatura de la nuca, mantenía la cabeza primorosamente erguida. Otro síntoma de alarma entre los comensales es su renuncia al segundo plato. Algo hasta ahora inaudito y jamás registrado por crónicas campamentales dignas de todo crédito.
La tarde se emplea en lo que la gente de mar denomina zafarrancho; es decir, retirar toda la ornamentación relativa a la actividad del albergue, recoger el material y dejar las salas en perfecto estado de revista.
La anochecida transcurre con charlas entre una ambientación musical. Con la amanecida, del día de la Asunción, los últimos del albergue salen con destino a sus puntos de partida. Expedicionarios, que la Virgen os acompañe en el viaje y tengáis un trayecto tranquilo y dichoso.
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Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
A más ver.
La imagen corresponde a unos de los últimos actos de izar bandera, en este XVIII Albergue Nacional de Veteranos OJE.


