Rasgos de nuestro estilo
Que también podría ser asimilada a la virtud de la paciencia y del noble ejercicio de la contención, cuyos antónimos son la precipitación y el desasosiego.
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Cuando nos desasosiega el entorno social o político, se hace más necesaria aun esta cualidad de la serenidad; midamos entonces nuestras fuerzas y posibilidades, y echemos mano de nuestros recursos, con unas gotas de frialdad, aunemos la serenidad con la acción posible y efectiva.
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El alocado, el irreflexivo, se lanza sin meditar en cuanto divisa un señuelo que le han puesto arteramente ante sus ojos; aplicado a lo más habitual, este aturdimiento se pone de manifiesto en el comentario destemplado, en el exabrupto, en el juicio precipitado, en la exaltación.
Esto ocurre especialmente cuando lo que escuchamos, no solo está en contra de nuestros pensamientos, sino que lo entendemos como afrenta personal; el resultado suele ser el agravio real o imaginado, que perdura en nuestra memoria y en la del supuesto oponente.
En otro orden del cosas, cuando nos encontramos ante un problema concreto -no digamos ante una situación límite-, el mayor riesgo sin duda es hacerle frente de forma impulsiva y vehemente. Tenemos entonces todos los puntos para que se agrave la coyuntura difícil o la situación límite desemboque en desastre. Precisamente es cuando debe aplicarse este rasgo de la serenidad, por mucho que cueste dominarnos.
La cualidad del veterano frente al joven inexperto es que lleva bastante camino recorrido, con la consiguiente experiencia acumulada a lo largo de este. La etapa juvenil, por el contrario, es dada a la precipitación y a la irreflexión. Seguro que, al echar la vista atrás, recordamos circunstancias lamentables y pensamos que ojalá hubiéramos actuado de otra manera; ni era posible en aquellas edades ni se puede enmendar lo pasado, pero sí tomar buena nota y usarlo como ejemplo para que, en la madurez, no repitamos la experiencia y seamos capaces de imponer nuestra serenidad en todos nuestros actos, dichos y actitudes.
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Texto publicado en el boletín nº 203 de Trocha, de Mayo de 2019
La viñeta superior es una adaptación de otra del "Manual del acampado" Editorial Doncel - 1968.



